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Continuación del relato del dia:
.... en otro mundo, emocionado por estar enculando a su hijita por primera vez, ese culito respingón, sensual y morboso de 18 añitos. Mientras ella, agarrada a mis muslos, me daba lenguetazos por todo el coño, casi me mordía el clítoris, por su misma emoción y yo a ella, mientras le lamía su clítoris y recogía con mi lengua sus juveniles jugos vaginales, le metía dos dedos en su coñito y los movía, al compás de las embestidas que su padre le daba a su culito. Ella levantaba su cara de vez en cuando para gemir de placer y cada vez le pedia a su padre que se la metiera más, que le diera más fuerte. El cuerpazo de mi marido, arrodillado detrás de ella, se movia en un vaiven, cada vez más rápido, más fuerte, con penetraciones profundas. Yo veía los gordos y peludos huevos de él balancearse y chocar contra las nalgas de su hija. Yo misma se los cogía con una de mis manos y se los amasaba y apretaba y le pasaba la mano por detrás de su culo, como para empujarle en sus arremetidas. Mi hija empezó a chillar de gusto, sus orgasmos le llegaban encadenados, sus jugos resbalaban por mi cara sin cesar y a mi misma, me veían orgasmos uno tras otro. Oía a mi marido resoplar y le preguntaba a su hijita si se lo estaba pasando bien, ella le contestaba con largos siiiiiiiiiii papiiiii, no pares, dame fuerte, rompele el culo a tu hijita, dale mucho gustooooooo a tu hijita. El la tenía agarrada de las caderas, casi se la sacaba por completo y después se la enviaba dentro de un fuerte empujón. Eso a ella le encataba, chillaba con lujuria cada vez que le hacia eso. Cuando se la tenía bien dentro, se movia mi marido a un lado y otro, para que ella la sintiera mejor dentro de su culo y ella chillaba más y más, casi histérica. Yo le movia mis dedos dentro de su coño y no paraba de chuparle y masajearle su clítoris. Ella estaba ida, sus repetidos orgasmos eran cada vez más fuertes y sus gritos más roncos, más profundos. Mi marido avisó que ya no podía aguantar más y mi hija le dijo siiiiiiiiiiiiiiiiiiii papi dame toda tu leche, dámela papi, llénameeeee. Al sentir ella la primera descarga de leche caliente, en el interior de su culo, gritaba ahhhhhhhh, ahhhhhhh, muy repetidos, mientras me bañaba toda la cara con los jugos de una tremenda corrida de ella. Yo también tuve un fuerte y prolongado orgasmo que me dejó exhausta y muy feliz. Así quedamos abrazados un rato, hasta que mi marido se levantó y yo me salí de debajo de mi hija, que reia y lloraba de felicidad y placer. Nos abrazamos los tres y nos besábamos, dándonos los tres las gracias, por lo felices que nos haciamos unos a otros....continuará
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